nº 04 ONLINE

Un portátil dibujado se convierte en portarretrato. Cada uno de los ordenadores contiene una fotografía diferente que revela una faceta de mí mismo. Como el portarretrato permanece abierto, es posible sacar la imagen. Al hacerlo, una pregunta se revela detrás de la pantalla: “¿Quién soy?”. Detrás de la foto una letanía responde, repitiendo una y otra vez la frase que me define, como un castigo: “Soy x”. Para que no haya duda vuelve a estar escrito encima, más grande, más negro. La etiqueta se empeña en que para el lector ya no sea otra cosa. Para elaborar un retrato fiel de mí mismo sería necesario contar con las cien fotografías, pero al lector le llega una única porción, recibiendo sólo uno de los cien mensajes que me conforman. Algo similar ocurre a diario en las redes sociales. Las imágenes que subimos trazan un perfil, pero nuestro público potencial, ansioso por consumir más cantidad a más velocidad, cree construir nuestra identidad con una sola mirada. “Portarretrato” evidencia esa entropía anulando las demás posibilidades.