No me olvides

Me interesa el cuerpo como ejecutor, portador y destructor de la palabra. En este marco, “no me olvides” habla de la pérdida y la asfixia del recuerdo, lo que sucede cuando el sujeto deja de existir. Esta video-performance se sitúa en una mísera estancia que tiende al blanco y que permanece vacía de contenido, de vida. En este escenario me acuesto completamente desnudo sobre una cama también blanca. Mi cuerpo vulnerable es arropado por un material frío, el plástico, como cuando se cubren los cadáveres. En el plástico está escrito al revés, con rotulador negro, “no me olvides”, una y otra vez, un último grito que suplica no ser borrado. Sin embargo, aún hay aliento. Durante diez minutos permanezco debajo de este sudario tratando de llenar mis pulmones con un aire que no llega, que se vicia, mientras suena el tercer movimiento de la Segunda Sonata de Chopin (la marcha fúnebre). La prolongación de esta situación nos hace pensar en el limbo, una levitación permanente en la nada. Y el fatídico desenlace nunca llega, ni cuando al final replican las campanas.